Todo se inventa, incluso la verdad. El zeitgeist de la web de los primeros 2000 impuso, tras el éxito de Google, que lo importante era el producto. La distribución casi venía dada: bastaba con buen SEO o una comunidad fiel como la de WordPress.

Con los fracasos aprendes otras verdades. El producto se copia hasta el infinito. La distribución se negocia, pudiéndote esclavizar en precio. Pero hay una tercera capa que escapa al Excel en las primeras fases: la socialización, ser marca moldeadora de la cultura popular, especialmente cuando abres caminos que requieren nuevos comportamientos.

Ni la publicidad ni las redes son ya suficientes. ¿Cómo empezar? Estudiando la relación entre poder, verdad y normalidad pasando por Foucault hasta Jobs. Sólo hace 70 años que los adolescentes se unieron a los adultos para trabajar en esa construcción de realidades. Hoy día, las nuevas generaciones clasifican la publicidad dentro de la ficción, dificultando relaciones sinceras a largo plazo.

No hablo de comprar influencia; hablo de construir presencia para decidir juntos qué es cierto, correcto y qué no. No vendas una killer feature, regala una verdad contagiosamente real. No compitas por cuota de mercado; compite por cuota mental.

Ser memerable es ser antifrágil.