Tiempo
2003 fue movido. Acabé una relación y murió el abuelo. Le recuerdo bromeando. Cada verano dormíamos en el patio acostados en colchones de esponja. Sus buenas noches eran cinco palabras: «Cuando te duermas, me avisas». La abuela me miraba, sonreíamos y hasta el día siguiente, en el que el reloj no importaba.
Ese mismo año, EE.UU. invadió Irak en un ejercicio de manipulación masiva. Una de sus consecuencias fue el auge del fenómeno blog, impulsado por periodistas que informaban desde el terreno con herramientas como Blogger, que desde 1999 permitieron a cualquier persona, sin conocimientos técnicos, crear una web en minutos. Meg Hourihan y Evan Williams, quien luego cofundó Twitter y Medium, son los Gutenberg de nuestra era.
Cinco siglos antes, la imprenta del alemán fue esencial para el éxito de Lutero y Calvino. Con la Reforma también cambiaron la vivencia del tiempo. La Edad Moderna sustituyó las campanas por los relojes. Los orfebres pivotaron a relojeros. El día dejó de estar interrumpido y organizado por llamadas a misa. Tenemos el poder de cambiar el espacio-tiempo.
Hemos pasado de campanas a relojes… y ahora al scroll infinito. ¿Perder el tiempo o que te hagan perderlo es más delito o pecado?