Realidad
Debord planteó en La sociedad del espectáculo (1967) que lo audiovisual estaba creando la realidad. El capital no sólo se había adueñado del trabajo, también de nuestra mirada, de nuestras relaciones que ya no eran entre personas, sino representaciones. El éxito de conceptos como charos y señoros viene de ahí. Su "espectáculo" no era metáfora: era la estructura misma de este capitalismo, de esta sociedad.
Baudrillard, con Simulacro y simulación (1981), fue más lejos. Para él, el problema ya no era que lo real se manipulara, sino que las imágenes lo habían sustituido con tal perfección que la diferencia era imperceptible. La representación no encubre la verdad: la produce, la disuelve. A eso lo llamó simulacro: una copia sin original. Cuando la frontera entre lo verdadero y lo falso desaparece, no surge el caos sino algo más sofisticado: la nostalgia de la distinción. El valor de lo auténtico, de lo analógico se infla porque nadie puede certificarlo.
Debord quería interrumpir el espectáculo desde afuera; Baudrillard advirtió que ya no había afuera. La resistencia, la ironía también son mercancías. Hoy la IA nos convierte en combustible para perfeccionar el modelo. Una IA escribirá el tercer libro que falta.
¿Hay antídoto? Yerbabuena.