La promesa de Internet
El periodo de 2003 a 2006 lo recuerdo con la inocencia de estar cambiando el mundo. La Web 2.0 no sólo fue una etiqueta con la que pretendíamos revolucionar los medios, las empresas y la política. También fue el símbolo generacional de construir tecnología con ilusión para unirnos sin egoísmos.
Plataformas como Blogger, Movable Type, WordPress, Flickr o YouTube hicieron posible, por primera vez en la historia, que cualquiera pudiera publicar sin conocimientos técnicos, con un impacto equiparable al de la imprenta de Gutenberg. En el mundo hispano, Bitacoras.net, Bitacoras.com, Blogalia, Blogia, Weblogs SL, La Coctelera o EBE cultivaron un espíritu de comunidad irrepetible.
La primera blogosfera era una conversación, no un campo de batalla. Los enlaces eran la moneda de cambio, aunque también caíamos en cierta endogamia, quizá necesaria. Los feeds RSS, con servicios como Bloglines, nos permitían seguir decenas de blogs. El algoritmo no decidía qué importaba. La web parecía un lugar idílico en el que las mejores ideas se impondrían para elevarnos. Por un momento pareció posible.
El 4 de febrero de 2004, un adolescente lanzó una red social a la que llamó TheFacebook. Diferencia entre inocencia e ingenuidad. Hay un rayo en mí que no cesa.