La cultura va por delante de la ciencia. El milenio realmente comenzó en el 2000, igual que la era de la obsesión por la autenticidad. Decían que los realities eran experimentos sociológicos. Estopa «partía la pana» y en los chats de Terra te podías sincerar con una chica de Valencia que podía ser un señor reprimido de Jaén.

Con aquellas tarifas planas, entendí la importancia del diseño. Tenía que educar el gusto de la teoría a la práctica, porque ya sabía lo que iba a hacer: «Haré un portal para estudiantes. Tengo cientos de apuntes de filosofía. Los pasaré a HTML. Solo me falta el nombre».

Aquella noche, en ese estado previo al sueño en el que la conciencia se va a jugar, vino la inspiración: se llamó IdeaSapiens, un canto al pensar, una loa a lo artificial: teorías, artefactos, leyes...

Lo artificial es lo que no surge de la naturaleza, sino de la intención. No significa necesariamente «falso» o «superficial». En su raíz, ars significa arte, técnica, saber hacer. Lo artificial es el resultado de la inteligencia humana aplicada a la materia o a la convivencia.

IdeaSapiens se lanzó el 24 de septiembre de 2001. Sigo siendo aquel chaval.