La estafa
Cada tiempo instaura verdades que luego son engaños. Toda sociedad libre se sustenta en la Dogmatiquísima Trinidad del Estado, los medios (incluyo las redes) y la familia. Con la excusa del bienestar no pueden dejar de mentir. Sólo exculpo a los padres.
A varias generaciones nos dijeron que la Formación Profesional era para torpes. Así que hice letras mixtas hasta COU. Cuando aprobé Selectividad, decidí cursar Filosofía en la UB. No tenía sentido un aula de cien personas. Aprendí más en La Masía, que estaba al lado, viendo al último Cruyff, que yendo a clase. Para ayudar en casa, fui a una de esas nuevas oficinas de trabajo temporal. Sólo me ofrecían mozo de almacén u operario. Fue el despertar definitivo a la vida adulta.
Cambié a Psicología. Una hora más en el bus. Esa mañana leí un artículo sobre el diseño de objetos trasladado a una cosa que llamaban “web”. La vocación de emprender, que descubrí veranos atrás, se despertó ya para siempre. Mi futuro me lo tenía que inventar. No había formación.
Me puse a trabajar haciendo pastillas de freno los fines de semana del 1998 al 2000. Ahorré medio millón. ¿Lo primero que hice? Pirateé FrontPage. Plenitud.