Tres semanas antes del lanzamiento de Ideasapiens empecé a maquetar los textos. Mientras se subía el análisis de la última obra que pintó Hopper, escuché a Matías Prats gritar: «La otra torre, Ricardo. La otra torre». Hoy sé que esos ataques inauguraron la sociedad de la atención: una droga que instaura una filosofía de hacer empresa, política e incluso relaciones personales que dependen de la explotación de la performance y del aceleracionismo.

Si la atención es la moneda de la sociedad global, ¿la pobreza es el destino final?

No voy a seguir cayendo en la vanidad de poetizar sobre el fin de la civilización. Sólo en el de la autodestrucción personal. ¿Qué me da miedo?

Ya no me asusta morir; me aterra la apatía con buena interfaz. La pulsión de muerte no susurra: scrollea. Me niego a regodearme en la nostalgia. El futuro ya no es comercializable. La rebeldía se mercantiliza. El antianuncio es el anuncio. La ironía ya no revela verdades; es un escudo, porque necesitamos guiñarnos para estar seguros.

Vivimos dirigidos por comediantes que nos prometen Ítacas o colapsos mientras se ríen de nosotros. No tiene mérito desafiar al mundo; sí lo tiene huir de lo banal. Ponte Network (1976).