Confesión
La luz. El llanto de salida. El corte frío del cordón. El abrazo de bienvenida. La voz que pronunciará mi nombre hasta su vejez. El pecho salvador. El primer estímulo consciente que resultó una risa peculiar. Ponerme de pie, caer, levantarme. Hablar. Empezar el colegio en octubre. Decidir que la pelota sería mi mejor amiga. El primer gol. La primera derrota antes de entender la victoria. Ser el capitán que eligen tus compañeros. El patio. El pan de Alcalá. Yerbabuena. Lentejas. Pringá.
Descubrir que Ana me gusta. Pecar. La expulsión del Edén. Emigrar a la Barcelona de Mariscal. Sentir con la flecha hacia abajo. La primera llave propia. La primera enfermedad: una apendicitis perforada tras aguantar el dolor para hacer los exámenes de Selectividad. El timo de la universidad. Saltarme las clases de Filosofía haciendo caso a Cruyff. Fabricar pastillas de freno en Zona Franca para lanzar Ideasapiens. Los blogs. Twitter. Emprender. Ayudar. Las ilusiones adultas junto a los miedos que despiertan con cada nacimiento.
El espejo devuelve una cara distinta. El pelo se va. Ese dolor se queda. Los veranos. La biblioteca.
La última comida con sabor. Su mano apretada al final. La respiración espaciada. El silencio.
¿La luz?