Los primeros días de llegar a Alcalá de Guadaíra son un cúmulo de sensaciones, cambios de bioritmo, de humor que ni la mejor isla paradisíaca producirían.
Causas
- Volver a ver a los abuelos: el motivo fundamental para ir cada verano a Alcalá. Vivimos en su casa gran parte de nuestra infancia y durante la adolescencia, ya en Barcelona, regresábamos cada verano para estar los dos meses con ellos. Revivíamos aquellas tardes-noches de sacar las sillas a la puerta, sentarnos para charlar, ver pasear a la gente, sacar los colchones al patio para dormir al aire libre, despertar con la luz del sol…
- Renovar un año más la complicidad con ellos.
Mi abuela es muy parecida a mí. Una persona que puede parecer fría, distante, adusta si no se le conoce, que le cuesta expresar cariño. No le gusta quejarse o ser el centro de atención. Diría mas admira a la gente que tiene capacidad de sufrimiento. Toda su vida ha trabajado tanto en el campo como en casa. Una más de tantas miles de mujeres andaluzas nacida en la década de 1920 que ha estado pendiente de sus hijos, de su marido y de su casa. Una dedicación para el trabajo y cuidar de los suyos encomiable en sus ya casi 80 años.
Mi abuelo es para echarle comer a parte. Picarón, con una ironía que nos hace cómplices en multidud de ocasiones y el extremo opuesto a mi abuela. Huérfano con 4 años, trabajó toda su vida en el campo. Sensible, fácil de lágrima; es una de las personas más generosas que conozco. Este último año ha perdido fuerza y movilidad alarmantemente… Son días duros, que por suerte hay familia y recursos, para prestar la atención que necesita a diario.
En estos momentos pasan las vacaciones con nosotros en el chalet que hicimos en los pinos de Oromana en cuyo hotel se concentraba la selección de fútbol en la década de los 80 cuando jugaba en Sevilla.
- El pan de Alcalá. Volver a comer los bollos y las vienas. ¿El mejor pan del país?: el de Alcalá de Guadaíra.
- Hacer las cuatro comidas del día en condiciones. Sin prisas, sin fast food y repostería. Comer el puchero y los garbanzos con pringá de mi abuela.
Tantos y tantos pequeños detalles que por unas semanas uno se siente casi completamente feliz.


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